Es muy triste o a lo mejor es solo un punto de trasnochada nostalgia
alineado con aquella frase que dice:”Cualquier
tiempo pasado fue mejor”, frase que no suscribo, pero hoy me provoca titubeos.
Las nuevas
tecnologías nos están esclavizando lentamente y de forma tan sutil, que sin
remedio nos arrastra su atractiva corriente
hacia el abismo.
Tienen controlados nuestros datos personales, ubicación,
datos bancarios, fiscales y nuestras conversaciones, todo.
En contra de lo que durante un tiempo pudo pensar la mía, que las generaciones más jóvenes habían nacido en libertad y el alto precio
que se pagó por conseguirla. Ahora me temo que han nacido en una dictadura que no pesca en el pantano, pero que es invisible y por
tanto imposible de combatir de la que, tal vez seamos algo más conscientes, los que
cargamos con alguna veteranía por aquello de la inadaptación. Ellos lo han ido mamando despacio, como nosotros
la represión. Con la diferencia que nosotros estábamos más vivos porque en la
actualidad ya casi nacen hipnotizados por cables y teclas.
Una vez más nos toca bailar con la más fea. Cuando creíamos
que la libertad ya estaba en nuestras manos, nos hallamos más enredados que
nunca en una gran tela de araña imposible de romper.
Me ha sido imposible hacer una consulta a Endesa mediante
una llamada telefónica, yo quería hablar con una persona, pero insistentemente de
la forma más cansina, me atendía una máquina. Tengo que hacer un pequeño “cursillo”
para hacer la consulta por internet.
¿Y si no tengo internet?,
que por cierto no es gratis.
Una llamada telefónica es un medio prehistórico de
comunicación en estos tiempos.
