Porque nací en el sur, soy del sur y además me gusta el sur, regálame un solo
día de lluvia y lo aceptaré como un valioso obsequio. Lo agradeceré como lo necesario
que es, lo festejaré mojando mi cara, chapoteando en charcos y me llenaré de barro.Esperaré
a ese día para comer migas con torreznos y naranjas. Sacaré gustosa mis plantas
sedientas para que reciban un riego natural, festejaré las gotas en los
cristales y hasta el felpudo embarrado. Ronronearé en tu nuca delante del
fuego como una gatita friolera, pero uno, uno o dos, tres días sin sol “son multitud” como
dice el dicho. Reconozco que me pone triste, irascible, insoportable. Celebro mucho más
la luminosidad que le sigue y hace florecer los almendros, trinar pájaros y bailar
por bulerías. Quema en verano, pero en invierno es una delicia, para mi sería una gran pena, tener que vivir en lugares en los que hay que acostumbrarse a prescindir de él.
Tengo la fortuna de un patío privilegiado que florece hasta en invierno.