sábado, 12 de enero de 2013

Ellas y ellos


Ellas intrigantes, ellos a lo suyo.
Un  agradable recuerdo, dio paso a la contrariedad que sentía por tener que asistir a  aquella fiesta. Un amigo inauguraba su nuevo negocio y era obligado ir a festejarlo. Empezó a arreglarse sin demasiado entusiasmo, con la toalla rodeando su cuerpo se puso delante del armario para elegir el vestido más adecuado, pasaba la mano por los candidatos a vestir su cuerpo, pero no se decidía. En estos momentos entró él con un  impecable traje azul marino una camisa blanca y el pelo  brillante, levantando las manos para que le ayudara a ponerse los gemelos en los puños, “No se puede ser mas tradicional,  menos innovador, ¡qué poco cambia!” pensó ella, era la inauguración de un local de copas, podía haberse puesto algo más informal, pero no le comentó nada se limitó abrochar los gemelos y mientras lo hacía la toalla cayó al suelo. El se quedó mirándola, ignorando su magnífica desnudez y de forma seca le dijo, que cuando pensaba vestirse, que se  iba a hacer tarde. Ella pidió opinión sobre lo que le gustaría que se pusiera, sobre todo para comprobar una vez más lo lejos que estaba de su propio gusto. El eligió un vestido color vino tinto, bastante ordinario y pasado de moda por exceso de adornos.
-¿No será demasiado llamativo?
-No, quiero que seas la más guapa de todas.
Ella pensó “no lo dudes” pero no dijo nada, sabía que en la fiesta habría gente interesante y se propuso destacar, ya que sus planes no habían salido tampoco los de él iban a salir perfectos como siempre.
-Enseguida estoy, espérame en el salón.
Naturalmente hizo caso omiso a aquella recomendación que le pareció poco adecuada. Se decidió por un vestido color champán de satén y corte al bies, con un sugerente escote flocado, que le quedaba de maravilla, ajustado pero vaporoso a la vez, además  este color resaltaría el magnífico bronceado que le había costado varias sesiones de rayos uva. Ya estaba maquillada, solo quedaba un toque en su deslumbrante melena negra que caía sobre sus hombros desnudos. Eligió ropa interior del mismo tono, pero, pensando, pensando... el vestido tenía un forro con la forma del pecho y le bajaba una mano por debajo de las rodillas, el sujetador no era necesario y un tanga tal vez hiciera marca en su cintura y decidió no ponerse nada. Optó solo por las medías  sin puntera, después se puso una sandalias marrones con tacón de vértigo y finalmente el vestido que cayó en su cuerpo como una segunda piel delineando cada una de sus curvas. El escote lo suficientemente discreto como para no mostrar nada pero sí, para insinuar. En su cuello una finísima cadena con la clara intención de  que el interés de sus observadores no se detuviera en la joya. En sus orejas unos pendientes largos que estilizaban aún mas su atractivo cuello, cogió un bolsito de mano a juego con las sandalias, se miró al espejo, echo su pelo hacia atrás y se hizo un guiño. ¡Ah quedaba un toque de perfume! había olvidado ponérselo antes, pulverizó en el aire y caminó a través de la aromática  nube, así todo su cuerpo recogió la fragancia y de este modo no resultaría excesiva. Cuando apareció ante él, la miró de los pies a la cabeza y le dijo “eres la mejor”, pero ni si quiera se percató de que no se había puesto el vestido que él había elegido. 

Ella no contestó, se limitó a sonreír y salieron.