En el fondo me resulta un poco deshonesto sentirme
privilegiada en los tiempos que corren.
Privilegiada aún viviendo en austeridad, por cierto nunca había escuchado esa palabra con tanta
frecuencia, siendo yo persona austera por mi educación, por pura convicción y ahora además por imposición,
desde que “nuestro presidente”, (a mi pesar)
la puso en moda y lo que más me molesta es que quien más habla y pone leyes,
sube impuestos y quita derechos, es
quien menos lo practica y ahora vienen como
un atajo de maleantes de guante blanco, eso sí legalizados, imponiendo
austeridad. En fin me caliento con el tema, pero a lo que iba que no me quiero
encabritar hoy que tengo un motivo de relajación, que digo que en estos tiempos
de escasez, de tristeza generalizada en los que la Navidad es una farsa, más que nunca, he recibido una invitación para ir al teatro a ver
una de mis obras preferidas.
La primera vez que la leí quedé tan impresionada, que no fue
la única y tuve que volver a ella, por la magistral expresión escrita y por su
apasionante trama. Espero que en teatro también me guste.
MADAME
BOVARY
