La tormenta que toda la noche amenazaba, se enojó
al amanecer.
El sol
encarcelado entre nubes no tenía fuerzas para salir y yo me quedé en la cama
por más tiempo de lo habitual. Contemplaba el prodigio,
envuelta entre las sábanas que recogían mi calor. Relámpagos, truenos,
lluvia y viento. Me rebujé en mi lecho a disfrutar del espectáculo.
Hoy tengo
antojo de migas con chocolate, que ya está bien de tanto salmorejo y picaillo
fresquito. A lo mejor es solo un poco de nostalgia.
No sé en qué momento la luz llamó poderosamente mi atención.Lo sabía, lo sabía por el misterioso matiz calroscuro que tomó el cielo. El sol empujando a las nubes entre la lluvia trémula y la tormenta ronroneando amenazante.Salí a ver si lo encontaba y...ahí estaba con todo su cromático esplendor.
Hoy he sido feliz por unos momentos, por tener la suerte de haber contemplado este regalo amable de la Naturaleza.
La felicidad es un parpadeo y a veces se consigue con muy poco.